Cuando una restricción es genuinamente exigida por la legislación aplicable, o por el propio seguro o contrato de arrendamiento del empleador, cumple la norma solo cuando es real, se acata, se divulga al personal y se identifica su base.
Lo que no puede ser es un veto general con pretextos disfrazado de limitación. El empleador debe tener un seguro que cubra los perros que admite, y no puede admitir perros que su propia cobertura excluye; la respuesta a una póliza restrictiva es una póliza mejor, no un veto oculto.