El principio sobre el que descansa toda la norma, en dos mitades que deben sostenerse ambas. Un lugar de trabajo apto para perros acoge a los perros y los provee adecuadamente, y lo hace sin forzar a ningún compañero a la proximidad de un perro en contra de una necesidad médica, alérgica, fóbica o comparable genuina.
Acoger al perro no basta por sí solo, ni tampoco proteger a las personas que se excluyen. Ambas cosas son obligatorias. Un lugar de trabajo que logra una sacrificando la otra no es apto para perros conforme a esta norma.