Un empleador que, en un lugar de trabajo donde los empleados pueden llevar sus propios perros durante la jornada laboral, admite perros como política publicada y aplicada de forma coherente; no excluye a los perros domésticos comunes mediante normas generales de raza o tamaño; facilita o permite las condiciones que un perro necesita para pasar la jornada laboral con seguridad y bienestar; y protege a los compañeros que no pueden, o eligen no, compartir espacio con un perro.
El término describe un lugar de trabajo donde los perros son genuinamente bienvenidos y las personas a su alrededor están genuinamente protegidas, no uno que se limita a tolerar a un perro por el favor de un responsable.